Con Chevi Muraday en escena, la pieza es un recorrido físico, íntimo y poético por los ciclos de la creación, los obstáculos superados, las pérdidas asumidas y la luz que aún se defiende desde el cuerpo.
Inspirada en los cinco ciclos de la luna, la obra es una metáfora del tiempo, de la resiliencia artística y del renacer constante. Una celebración que no huye del cansancio ni de la duda, pero que sobre todo, se afirma con alegría, madurez y futuro.