Nuestra protagonista descubre que aunque cree que no tiene nada, tiene pies, unos pies que le gustan porque ‘le llevan a todas partes’. Su inquietud le lleva a navegar charcos, nadar caminos, andar mares y así poco a poco ir viajando lejos de la fábrica y conociendo al resto de habitantes de Ciudad Quieta. Tengo pies pero… ¿Me quedan grandes los pies? o ¿son pequeñas las zapatillas?