El percebeiro, cuyo trabajo se rige por esta filosofía, necesita buscar siempre fuera de él la adrenalina que le conecta directamente con esta vibración. Nadie le ha pedido que vaya al mar, es su decisión, su compromiso vital con él mismo. Aquel que trabaja para la filosofía del no me voy a caer no es aquél que no cae o que nunca muere sino aquel que ha hecho todo lo que está en sus manos antes de caer, antes de morir.