Marco Tulio Cicerón se nos presenta como un político excepcional en un mundo de mezquinas ambiciones personales, deslealtades y pequeñas componendas tan propias de la vida pública desde entonces. Político, jurista, orador, filósofo, divulgador, podría encarnar la célebre máxima de Terencio pues nada de lo humano le resultaba ajeno.